DESDE MI BALCÓN (I) RELATOS DE VOYEAUR

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Dado
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DESDE MI BALCÓN (I) RELATOS DE VOYEAUR

Mensajepor Dado » Jue Abr 02, 2015 14:33

Siempre fui el bicho raro en el colegio. Aquel con quien el resto de niños no quería jugar. El extraño, el diferente... Siempre he tenido problemas para relacionarme con los demás, y sin embargo, destacaba por mi capacidad de observación y de análisis. Los profesores valoraban mi redacción, pero llamaban a mis padres a consultas para comunicarles mis dificultades en la interacción social. Según fui creciendo el problema se agravó. Salí de casa para hacer la mili y me la pasé arrestado casi todo el tiempo por no saber adaptarme. Más tarde, cuando tocó integrarse a la vida laboral y social, elegí quedarme en casa y desde ahí construí mi mundo.

Me sentía seguro encerrado entre cuatro paredes. Ya no había que saludar ni quedar bien. Tampoco había que romper ninguna barrera con las mujeres, ni ser tan simpático o guapo como los demás. No había que competir y por el contrario, las tenía tan al alcance de la mano como yo quisiera. Tan solo tenía que asomarme al balcón, coger mis prismáticos y ponerme a observar para meterme en la vida de ellas. Ser uno más. Conocer todas sus intimidades sin que ellas supieran la mía. Y así, fui parte de la vida de Julita, de Remedios y de alguna más.

Julita tenía veintitantos era estudiante, residía en el edificio de enfrente a mi casa, y las ventanas de su dormitorio y su baño daban frente por frente con el balcón de mi salita. A diario observaba como se duchaba. Dejaba correr el grifo para que al entrar, el agua estuviera caliente y mientras, se iba desnudando lentamente. Tenía el pechito pequeño, tamaño mandarina, usaba braguitas con ilustraciones un tanto infantiles (Mafalda, Snoopy...) y pese a ser universitaria, lucía como una teen. Siempre orinaba tras quitarse el pantalón. ¡Dios! cómo me excitaba verla sentarse en la taza, bajándose las braguitas hasta media pierna. Podía sentir el chorro caer, al tiempo que notaba como mi polla se ponía dura como una roca. Meaba y al mismo tiempo cerraba los ojos. Y yo no podía evitar tocarme y acariciarme mientras lo hacía. También me excitaba verla limpiarse tras orinar, desprenderse definitivamente de las bragas, dejar al aire sus pechitos, que raramente necesitaban sujetador y ver su sombra tras la cortina de la ducha. Una noche observé que pasaba más tiempo del normal. Ajusté la focal de mi teleobjetivo y pude observar claramente que acercaba el mando de la ducha a su entrepierna y se lo aplicaba por largo tiempo. Todo era una sombra, una silueta, pero a mi eso me ponía aun más cachondo. Pronto pude comprobar por el movimiento de la cortina que no solo se aplicaba el agua, a la vez también se tocaba, y yo sudoroso y excitado, deseando dejar los prismáticos para meneármela pero sin poder hacerlo, por ver como finalizaba. Al final, espasmos, movimiento de pelvis y ahogados gemidos que pude llegar a oir con nitidez. La vi salir de su baño con la cara empapada y el rubor aun en las mejillas. Maravillosa paja me brindaste Julita para recordarla en solitario, tras la ventana de mi casa.
No soy hombre ni mujer. No soy dueño de lo que pueda acontecer y mi mente, por fin, no es esclava de mi bragueta

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