PEABODY, LA VAQUERA FOLLADORA

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Cuervo ingenuo
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PEABODY, LA VAQUERA FOLLADORA

Mensajepor Cuervo ingenuo » Mié Mar 18, 2015 17:45

Peabody vive en un pequeño pueblo del norte de Arkansas, allí cuida de vacas, caballos y una corta pero variada colección de animales domésticos (perros, gatos y hasta un loro al que llama Franchesco, en honor a uno de sus amantes). Se retiró al campo tras divorciarse de Herman. Un camionero violento que le dejó tres hijos y muy mal sabor de boca con respecto a sus semejantes. Decidió conocerlos a todos a partir de aquello, pero solo hasta cierto punto, y que fueran ellos quienes pagaran cualquier fantasía oculta que les rondara la cabeza y su vida soñada en el campo, rodeada de animales. No más.

A los hombres les atraía el color fuego de sus cabello en contraste con tan blanca piel, que pareciera nieve. A parte de eso, y sus turgentes pechos, Peabody guardaba su mayor atractivo en la forma de ser, en su carácter fuerte y determinado, que lograba poner de relieve el deseo oculto de quien la acompañaba, y su facilidad para lograrlo.

Así Peabody, a quien en confianza llamaban Pea (guisante), ya que por el resto había que pagar (body), bajaba todas las noches al bar de Moe, y entre las cervezas de ellos y los bailes de ella, rara era la noche que no conocía a un comerciante, a un carnicero o a un empresario que se preciaba de adquirirla por unas horas, a mayor gloria de su escaso patrimonio.

Se acostó con el lider de una comunidad evangélica a quien le excitaba que le desnudaran y vistieran con correas. Paseolo a cuatro patas, con gran placer para él por toda la finca, le hizo comer hierba, hacer sus necesidades al pie de un árbol, para terminar follándoselo en el establo con un consolador gigante.
El párrocó le pagó con la recaudación de la liturgia semanal.

Vistió de lagarterana al sastre, quien aburrido de confeccionar trajes para caballeros, anhelaba sentir en su piel la cadencia de una seda o la elegancia de un encaje. Y cuando le tuvo vestido de damisela, le echó el más lésbico de los polvos, haciéndole sentir mujer, gatita y amante a un mismo tiempo.

Corrigió con palabras a un locutor de radio a quien nadie corregía, y atándole con los cables de la emisora, le hizo tal felación, que el micrófono se quedó pequeño, al lado del tamaño de ese miembro erecto.

Todos quedaban felices y satisfechos. Solo querían encontrarse a Peabody, para cumplir sus fantasías más ocultas. Hasta que un día una vaca se puso mala. Y la granjera no tuvo a quien acudir. Buscó veterinario por toda la comarca, pero su granja resultaba demasiado apartada para que a ninguno le viniera bien. Por fin encontró a un médico. Clarisa, la vaca enferma presentaba una infección en la vulva y aquel ginecólogo podía sacarla de un apuro.

John Lavender, así se llamaba el obstetra, no puso problemas en visitar al animal, en recetarle y aplicarle un tratamiento. Peabody se ilusionó. Aquel hombre resultaba distinto e interesante. Sin ser veterinario, se había preocupado por la salud de su vaca. Era alto, guapo e inteligente. La trataba con respeto y se molestaba por aquello que ella amaba: su casa, sus tierras, sus animales. Pensó entonces que tal vez hubiera cambiado su suerte. Que a lo mejor no todos los hombres tuvieran una historia que ocultar y pensó en entregarse a él como la más pura de las amantes, no sin antes saldar la deuda que había contraído pues Pea era muy orgullosa y se jactaba de no deberle nada a nadie.

El médico, que había oído hablar de sus habilidades, puso precio a su trabajo, pero no de la forma que ella esperaba. Le pidió reunirse con sus amantes. Pronto se llenó el granero con todos los clientes de la joven. Cuando los tuvo reunidos, la hizo desnudarse, ponerse a cuatro patas frente a él y comenzar a chuparle la polla, mientras todos los demás, pasaban uno por uno a follarse su cola. Estuvieron toda una noche pasando pollas. Al acabar y tras quitarle un pañuelo, que utilizaron para taparle los ojos. Con lágrimas surcando su rostro, pidió una explicación al médico, quien solo acertó a decir:

"Lo siento, amiga, yo también soy un solitario que mira por sus intereses"

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